miércoles, 5 de septiembre de 2007

SOY UN NECIO

Desde hace muchos años acostumbro a leer al buen doctor, para los que no lo conozcáis por el apodo cariñoso os diré que su nombre es Isaac Asimov. Ahora quizá os resulte conocido como un escritor de ciencia ficción, por lo que inevitablemente la mayoría de vosotros lo haya etiquedado como un escrito menor. Sin embargo, el buen doctor es también un excelente divulgador. En su extensísima producción literaria son mayoría los libros de divulgación científica o histórica más que sus cuentos y novelas, y, a pesar de que estos últimos le han hecho alcanzar fama internacional, son sus obras de divulgación lo que hace que me quite el sombrero ante su memoria.

En uno de sus muchos ensayos: Agua caliente incluida en la recopilación: El electrón es zurdo y otros ensayos científicos, introduce el tema sobre el que va a versar el ensayo de esta curiosa manera:



Una de las peripecias profesionales de cuantos divulgamos la visión científica del Universo es el choque con lectores que prefieren determinada visión religiosa a la científica. Les ofende que reduzcamos a consecuencias ciegas de alguna ley física o química las manifestaciones admirables de la providencia divina, y muy a menudo reaccionan acusando de ateísmo al autor.

Ayer mismo recibí una carta de una señora, que empezaba llamándome, muy cumplida, "muy señor mío"; y luego continuaba, con menos ceremonia: "Según la Biblia, y en términos textuales de ella, es usted un necio".

Eso me enfadó, naturalmente, pues aunque en ocasiones soy tan necio como cualquiera, me disgusta que me lo digan. Además la acusación iba más allá de la simple necedad. Era obvio que la señora se refería a un bien conocido texto bíblico.

Entre las ciento cincuenta poesías del libro de los Salmos hay dos, la 14 y la 53, que son virtualmente iguales, y cuyo primer verso empieza: "El necio ha dicho en su corazón: no hay Dios".

¿Qué podía hacer yo? Resolví que una cita bíblica merece otra como respuesta, y le mandé a la buena señora la siguiente breve sentencia: "...quienquiera que llame "loco" a su hermano se expone al fuego eterno" (Mat. 5:22).

Pero, ¡ay!, habiendo "despachado" a un rival tengo ahora que exponerme a ofender a otros, de esos a quienes Robert Burns llamaría "los demasiado buenos". Porque verán ustedes: el agua tiene propiedades maravillosas, que parecen predestinadas precisamente para la vida. ¡Sería tan piadoso considerarlas como obra de un benéfico e ingenioso Hacedor, que crea el mundo para bien de los indignos hombres; y es tan prosaico atribuírselas a las indiferentes propiedades del átomo!

Yo, sin embargo, para ser fiel a la visión científica del Universo, tengo que hacer lo segundo, indicándoles a los piadosos que pueden muy bien suponer que esas propiedades indiferentes han sido creados por Dios.



Por supuesto, lo primero que hice fue comprobar si las citas eran ciertas o se habían tergiversado por el buen doctor para adaptarlas a sus intenciones, o por la lectora con el ánimo de menospreciar al autor. Si bien encontré una edición de la Biblia donde se sustituía necio por insensato (esto de las diferencias entre traducciones debo abordarlo en otra ocasión), en otras dos ediciones aparecía literalmente.

Según el diccionario de la RAE [http://www.rae.es/], se define necio como: ignorante, imprudente o falto de razón y terco. Está claro que la beata señora pretendía demostrar con los medios a su alcance que el buen doctor carecía de razón, y para ello emplea la Biblia como lanza de Longinos, creando un círculo vicioso ya que emplea como base de su argumentación lo mismo que pretende demostrar. Esto es: la religión es verdadera y está por encima de la ciencia ya que la Biblia así lo dice.

Un científico no puede argumentar sus asertos (teorías mientras no se demuestren empíricamente), en un porque yo lo digo o en un es así por que sí y punto. El conocimiento se desarrolla históricamente, añadiendo nuevos ladrillos y en ocasiones incluso derribando salas enteras, al edificio de la Ciencia.

Lo lamentable es que tras siglos de avance científico, a pesar de los medios de comunicación disponibles, de disponer de un sistema educativo bastante serio, y de vivir en una sociedad (la occidental) fundamentalmente moderna, siguen apareciendo gropúsculos que niegan toda evidencia científica y toman como única verdad universal la religión, sobre la que debe de girar, le guste o no, el resto de la sociedad.